Un reloj irreparable… por inducción.

Seiko SNE473P1

Hace unos días cené con un amigo al que no veía hace mucho tiempo.

Antes de ir al restaurante pasamos en mi casa un buen rato hablando para ponernos al día. Me fijé que en su muñeca llevaba un reloj Seiko solar, modelo SNE473P1. La razón no es otra que en su día le recomendé la compra de este reloj.

Le pregunté qué tal le iba con ese reloj y me respondió que lo utilizaba poco, dado que lo apreciaba y tenía miedo de rayar la caja o el cristal.

De que lo utiliza con poca frecuencia puedo dar fé. Hace medio año, en pleno invierno, contactó conmigo porque este reloj había dejado de funcionar. Estaba parado.

Lo ocurrido fue lo habitual en el caso de tantos relojes de carga solar: había estado guardado en un cajón varios meses y debido a la falta de luz la energía almacenada en la batería se había agotado. Le aconsejé que tuviese unos cuantos días el reloj en un lugar donde le diese la luz del sol unas cuantas horas al día y que, así, con un poco de suerte la batería se cargaría. Afortunadamente esta solución funcionó, lo que evitó un cambio de batería.

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La invasión de los smartwatches.

La invasión de los ultracuerpos.

Hace unas semanas, un día concluyó mi jornada laboral y, como de costumbre, cogí el Metro para ir a mi domicilio.

Ya dentro de unos de los vagones del Metro, me fijé que la persona que estaba justo a mi lado llevaba en su muñeca un smartwatch. Me pregunté: «¿Cuánta gente llevará un smartwatch?«

Tuve una idea para hacer una estimación de ese número. Saqué del bolsillo de mi pantalón mi teléfono móvil, entré en Ajustes y activé la funcionalidad Bluetooth. Al activarla, ésta se puso a buscar los dispositivos próximos dotados de esta funcionalidad, entre los cuales están smartbands y smartwatches.

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Un movimiento Tongji por dentro.

movimiento Tongji

No me gusta poner en mi blog vídeos relativos a relojes hechos por terceros, dado que opino que es repetir lo que otros ya han dicho y que eso aporta poco o nada.

No obstante, de vez en cuando hago alguna excepción. Y esta entrada es una de esas excepciones.

Hace ya unos meses publiqué en este blog «Tongji, ¿un movimiento de reloj infravalorado?«, donde hacía un breve repaso a la historia de este movimiento, comentaba su presente y, por último, relataba como había regulado mi Winner A458, un reloj que utiliza este movimiento.

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Watchy, más un hobby que un smartwatch.

Watchy

Hace poco más de un año tuve noticia de Watchy, un reloj electrónico cuyo concepto encontraba muy interesante.

A grandes rasgos, Watchy es smartwatch muy sencillo que se distingue de las propuestas habituales en que (a) Utiliza una pantalla de tinta electrónica en blanco y negro y (b) El público al que está dirigido son aficionados a la informática, la electrónica y el diseño industrial que buscan modificar el reloj a su gusto.

Squarofumi, la empresa detrás de Watchy , lanzó a finales de enero de 2021 una campaña de financiación en Crowd Supply que culminó con éxito. A mí el proyecto me pareció interesante por varios motivos.

El principal motivo se resume en dos palabras: «código abierto». Estas palabras significan que el usuario del smartwatch tiene la posibilidad de modificar el software que lo gobierna, por ejemplo personalizar la información mostrada en la pantalla o añadir o quitar funcionalidades. En definitiva y desde un punto de vista más personal, la posibilidad para mí de crear un smartwatch no obstructivo, esto es, libre de lo que en mi opinión es uno de los principales defectos de este tipo de dispositivos.

El otro motivo era el uso de tinta electrónica, que gracias a su bajo consumo de energía promete – al menos en teoría – una alta autonomía entre recargas.

Sin embargo, hubo un motivo que hizo que retrasase la decisión de compra del reloj: su caja mal diseñada. Finalmente, tras más de 12 meses de espera sin progresos en este apartado decidí no comprarlo.

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Electroestafas.

Los golfos apandadores.

Hace unas horas recibí una factura de gas indebida. Endesa me reclamaba el pago de cierta cantidad por los consumos de gas registrados en cierta vivienda correspondientes a los primeros meses de 2022.

Durante parte del año 2021 residí en dicha vivienda en régimen de alquiler. Por razones de trabajo a mediados de ese mismo año tuve que trasladarme a vivir a otra ciudad. Resolví el contrato de alquiler y también los de suministros, el gas entre ellos.

Me he pasado media tarde reclamando a Endesa por esa factura indebida con el fin de que no me la cobren. De forma muy resumida:

  • Hacerlo mediante la aplicación web, imposible: un tanto lenta y de calidad mediocre, no me daba opción a poner ninguna reclamación.
  • La única vía de reclamación, el teléfono: me he pasado a la espera unas dos horas hasta que he sido atendido.
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Las olvidadas pilas botón recargables.

reloj mesa

Las baterías recargables, de diversos tipos, llevan entre nosotros mucho tiempo. Recuerdo que hace unos 25 años – un cuarto siglo, ¡cómo pasa el tiempo! – ya utilizaba baterías AA y AAA recargables.

Hace unos 25 años las baterías recargables se utilizaban mucho menos que ahora. En nuestros días ocurre justo lo contrario: las baterías recargables, en sus diversas encarnaciones, son ubicuas. El ejemplo que primero se nos viene a todos a la cabeza es el de nuestros teléfonos móviles. Hasta empiezan a estar presentes en los automóviles: cada vez son más los modelos equipados con motores híbridos eléctrico-gasolina o totalmente eléctricos.

En lo referente a los relojes, las baterías recargables se llevan utilizando desde principios de la década de los años 70 del pasado siglo. El Synchronar 2100, probablemente el primer reloj de pulsera de carga solar, fue patentado en 1973. Además de los relojes de carga solar, otros que utilizan baterías recargables son los equipados con movimientos de cuarzo automático como, por ejemplo, los Seiko Kinetic.

Entre los muchos tipos de baterías recargables también las hay de tipo botón. Si las utilizamos, podemos ahorrar un poco de dinero y generar menos residuos.

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Regulación de un Parnis Pilot Watch ST36.

Parnis ST3600, raqueta.

Era una tarde que tenía libre y en la que el tiempo no invitaba a salir de casa. Consideré opciones como ver una película o leer un libro; ninguna de ellas me convencía.

Recordé que tenía deberes relojeros pendientes: uno de ellos, regular mi Parnis Pilot Watch ST36, que adelantaba cerca de medio minuto por día. Y a eso me puse.

El Parnis ST36 es un reloj mecánico que utiliza como movimiento un Seagull ST36, también conocido con la referencia ST3600. El Seagull ST36 es un movimiento fabricado por Tianjin Seagull (China) que es un clon del movimiento Panerai OP XI; éste, a su vez, es una copia de movimiento ETA / Unitas 6497-2 en la que se han introducido algunas mejoras.

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Una tapa trasera de reloj realmente dura.

prensa relojera

Una de las herramientas de relojero aficionado cuya compra tenía pendiente era una prensa relojera.

Si hay algo que detesto de los relojes son las tapas traseras que se cierran a presión. Desmontarlas puede ser una tarea complicada y montarlas todavía más: tanto que en muchos casos se precisa de una prensa relojera. Pero. como dice el refrán, «Con estos bueyes tenemos que arar».

Un reloj mecánico que había regulado tenía una de esas tapas traseras a presión. Entre que era imposible cerrarla haciendo presión con los dedos y que la compra de una prensa la tenía pendiente, finalmente me decidí a comprar una.

Buscando, en eBay encontré una a buen precio. Tenía dos características que apreciaba mucho. Una, que era de metal en vez de plástico; la otra, que ejercía presión mediante un tornillo en vez hacerlo mediante un muelle.

Esta última característica me interesaba mucho, dado que tengo relojes cuya tapa trasera es vista. Este tipo de tapas tienen un cristal que se puede romper cuando se montan para cerrar la caja. En mi opinión aplicar presión mediante un tornillo entraña menos riesgo de rotura del cristal que hacerlo mediante un muelle.

Por último, el vendedor tenía en eBay una reputación muy alta – un 99,7% -, por lo que todo debería salir bien.

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Una noticia falsa con un relojero que nunca existió.

Acorazado Royal Oak hundido.

De acuerdo a la Wikipedia, «Las fake news (pronunciado [fejk ɲjuːz]; traducido como noticias falsas) son un tipo de bulo que consiste en un contenido pseudo periodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo objetivo es la desinformación.«

Durante los últimos años las noticias falsas y la polémica en torno a éstas han estado de actualidad. Hasta se ha acuñado una nueva palabra: posverdad. Da la impresión de que este fenómeno es reciente, cuando en realidad es bastante viejo. Un ejemplo de noticia falsa con solera se remonta a la II Guerra Mundial.

En la noche del 13 de octubre de 1939 el submarino U 47 de la Kriegsmarine – la marina de guerra alemana – conseguía infiltrarse en la base naval de Scapa Flow (Islas Orcadas, Reino Unido), disparar varios torpedos al acorazado HMS Royal Oak y hundirlo; de los cerca de 1400 hombres que formaban la tripulación de ese barco, 833 perdieron la vida. El submarino logró escapar de la base naval y regresar, con toda su tripulación sana y salva, al puerto de Wilhelmshaven (Baja Sajonia, Alemania).

Desde la I Guerra Mundial la base naval de Scapa Flow era la más importante de la Marina Real Británica y se consideraba inexpugnable. Islas que protegían el acceso a la base, canales estrechos, fuertes corrientes, bancos de minas y redes anti-submarino hacían casi imposible que un submarino pudiese acceder en inmersión; para dificultar aún más cualquier incursión se habían hundido barcos abandonados en lugares de paso estratégicos.

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Un reloj en una estación de autobús.

reloj estación autobuses

Era lunes. Ese día era el último de mis vacaciones de Navidad y regresaba en autobús a Madrid, lugar en donde vivo y trabajo.

El autobús iba ocupado a medias, por lo que el viaje estaba siendo más cómodo que en días que caen en vísperas de puentes y periodos de vacaciones.

El tráfico era fluido y el autobús recorría las etapas del trayecto de acuerdo al horario planificado. El ir sin retraso fue, probablemente, la razón por la que el conductor decidió que la parada de descanso se prolongase un poco más de lo acostumbrado. En teoría dura media hora, en la práctica es la mitad y en esta ocasión el conductor comunicó a los pasajeros, a través la megafonía del autobús, que la parada de descanso duraría 20 minutos.

Esos cinco minutos adicionales – en la práctica, algunos más – fueron muy de agradecer. El viaje es largo. Dura cerca de siete horas y a mitad de éste apetece mucho estirar las piernas, respirar un poco de aire fresco y beber un café; y si todo lo anterior se puede hacer sin prisas, mejor.

Dado que hago ese viaje con cierta frecuencia, no era la primera vez que paraba en esa estación de autobuses. La estación cuenta con grandes relojes que están instalados en una posición elevada, lo que les hace visibles desde las dársenas. En las paradas de descanso de viajes anteriores apenas me había fijado en ellos: su aspecto descuidado me llevó a creer que no funcionaban.

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