La fragilidad de la sofisticación.

Casio TQ-218

Hace unos días me tocó sufrir un corte de luz.

El corte de luz tuvo lugar pocos minutos después de haberme acostado. Me percaté de casualidad: unos minutos antes de meterme en cama había puesto el lavavajillas – aprovecho las horas valle del precio de la energía eléctrica -, aún no me había dormido y al dejar de oír el ruido que produce ese electrodoméstico deduje lo ocurrido.

Los platos y cubiertos sin lavar no me preocupaban. Lo que sí me preocupaba era no despertarme a tiempo para que a la mañana siguiente en mi trabajo pudiese fichar dentro del horario establecido para ello. Esta infracción no es para tomarla a broma, la dirección no la tolera y las sanciones impuestas son de las que duelen a tu bolsillo.

Ese corte de luz podía durar unos minutos, horas o incluso días. Hace unos años vivía en una zona de España donde los cortes de luz son frecuentes y un par de veces me ha tocado aguantar el pasar hasta tres días sin electricidad.

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