El oficio de relojero, ¿en peligro de extinción?

Hace unos días se publicó en La Voz de Galicia una interesante entrevista a Pedro Pagán, un relojero de Vigo (provincia de Pontevedra, España).

La Relojería Pagán es un negocio fundado hace 100 años por Ginés Pagán, abuelo del actual propietario, y estos días es noticia porque liquida todo el género que tenía a la venta a particulares.

«La venta de relojes o joyas se la dejo a Amazon, me olvido del tema, no se puede con ellos», lamenta explicando que, cada vez más, los supuestos clientes que entran por la puerta, preguntan por modelos concretos, se los prueban y se van… a su casa a comprarlos por Internet

De acuerdo a este relojero, el mercado de los relojes se polariza. Las compras de los clientes se van o bien hacia relojes de lujo o bien a relojes baratos, siendo estos últimos más bien un complemento de moda efímero; las ventas de los fabricantes de relojes que están en medio van a menos.

«Ya no oyes a nadie que te diga ‘enséñame un reloj’, esperando que tú les asesores, y no recuerdo la última vez que vendí una cadena de oro», asegura. Pagán argumenta que el hecho de que los relojes se hayan convertido en un complemento de moda más, lleva a los usuarios a querer piezas de precio bajo, para usar y tirar, «mucha pantalla, pero maquinarias de poca calidad. Los de marcas caras siguen porque su público también tiene un poder adquisitivo alto, pero los fabricantes que están en el medio, se hunden», reflexiona.

Por fortuna, la Relojería Pagán tiene trabajo. Clientes particulares demandan servicios de reparación, tanto de joyas como de relojes; empresas y fábricas demandan equipos y servicios de relojería industrial; polideportivos y piscinas también demandan relojes y reparaciones; y, por último, Pedro Pagán tiene encargos de reparación de relojes de torre.

¿Está el oficio de relojero en vías de extinción? En España yo diría que, fuera del sector de la relojería de lujo, la respuesta es afirmativa.

A los 10 años, el último relojero de los Pagán destripaba su primer despertador. Su formación, al lado de los artesanos Ginés y Fulgencio, es imposible hoy en día porque el sistema de los aprendices ha pasado a la historia, y tampoco se puede acudir a una formación académica, ya que sigue sin existir tal cosa.

7 comentarios sobre “El oficio de relojero, ¿en peligro de extinción?

  1. Lo que más me ha gustado es que el niño esté ya aprendiendo de relojes. Me parece que tienen mucha visión, se han dado cuenta del problema, y se van al negocio de la reaparación, que con tanto relojero de calidad que se ha jubilado y tanto inepto tiene mucho mercado.

    Por cierto que al menos en Barcelona si que hay academias de relojería, el Instituto Mare de Déu de la Mercè:
    https://elpais.com/ccaa/2019/01/24/catalunya/1548343393_132321.html

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  2. Gracias por comentar.

    Yo celebro también que Pagán tenga visión y que haga algo más que quejarse amargamente.

    Algo parecido hace mi relojero de confianza, que no se queja de cómo le va el negocio a causa de la crisis. Al contrario, le va bien: mucha clientela compra menos y repara más, y desde hace años lo que le da dinero son las reparaciones.

    Es más, un día me dijo que en su taller – hablamos de una humilde tienda de barrio – hasta había entrado algún reloj Rolex para que les hiciese mantenimiento. Al parecer, los ingresos de los dueños de estos guardatiempos han bajado y, así, ya no pueden permitirse pagar el mantenimiento oficial que hace el fabricante.

    Por lo que he visto, en lo referente a academias de relojería por Madrid también hay. Alguna tiene muy buena pinta. Estaría bien que la administración se implicase de forma que la consejería de Educación colaborase y, así, estas academias pudiesen expedir títulos oficiales. Pero esto es España, y por desgracia a la industria se le da poca importancia.

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    1. Es la cosa buena que ha traído todo esto. La gente repara más, y tira menos. Yo he visto en la basura relojes analógicos de cuarzo de gama media-baja tipo Lotus de 3 agujas que estaban nuevos. Seguramente se les agotó la pila y decidieron tirarlo, un absurdo.

      En mi caso tengo menos suerte que tu. Mi relojero de confianza se jubiló hace como un año y ahora ando tanteando a otros por la zona, sin demasiada suerte. Tengo uno que me puede servir, pero ni de lejos se acerca al que tenía.

      También me comentó lo de los relojes de lujo. Muchos eran regalos: de empresa, de boda, … Piezas caras con las que luego el usuario no contaba con sus revisiones a precio oficial. Como dices, es otro punto de oportunidad para las relojerías.

      Sería genial un título unificado, y fíjate que en cuanto disponga algo más de tiempo, me gustaría inscribirme por hobby en una de esas escuelas. A ver si lo hago.

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      1. A mi relojero aún le faltan años para la jubilación, con eso tengo suerte.

        Algo menos de suerte he tenido con la circunstancia de que por razones de trabajo he tenido que cambiar de domicilio y ahora el relojero me queda a más 500 kilómetros. 😉

        Suerte en tu búsqueda.

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  3. Buenas tardes D. Relojista y Javier.

    Muy buen artículo este “post modernismo” hace que todo se mueva deprisa. Ayer mismo me tiré toda la tarde buscando algún comercio que me niquelara unos “bolonchos” de balcón para una amiga y encontré sólo un taller, que lo hacen (tipo favor) en una población a 40 minutos de coche.
    Por lo que hace a la relojería no conozco ninguno cercad de mi pueblecito, en la capital sí pero lo llevan a talleres oficiales. Así que te doy la razón, Relojista somos los últimos que veremos el oficio de los relojeros como aquellos que vendían / reparaban y sabían de relojes en los barrios.

    Buen fin de semana.

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  4. Gracias por comentar.

    Poco que añadir. La reparación de relojes sólo va a quedar para aquellos que sean de lujo.

    De seguir por estos derroteros, es posible que esto se generalice a otro tipo de objetos y que así finalmente lleguemos a la paradoja de que reparar un objeto será de ricos y estrenarlo, de pobres.

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    1. Nunca lo había pensado y tiene mucha lógica eso. Que acabe siendo al revés y sólo los ricos puedan reparar sus cosas (de lujo).

      Al final la gente normal a la que le guste algo tendrá que aprender por si misma a darle mantenimiento y reparación a las cosas. Algo que requiere esfuerzo si eres un negado como yo.

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