Tres semanas con mi Casio W-217H, primera parte.

Acerca del Casio W-217H.

Del Casio W-217H hay quien dice que es el sucesor del mítico F-91W, este último probablemente el reloj más vendido del mundo. Sucesor o no, nada indica que Casio vaya a dejar de fabricarlo; el mito está vivo y goza de buena salud habida cuenta de que Casio fabrica cada año unos tres millones de unidades del F91-W.

¿Qué tiene el Casio W-217H para algunos lo vean como el sucesor del F-91W? De forma muy resumida, legado y puesta al día.

En lo referente al legado, en el interior del Casio W-217H encontramos un módulo – el 3454 – con las mismas funcionalidades que la del F-91W. En el exterior, el parecido entre el diseño de ambos es evidente, lo que, además, le da al W-217H un aire retro que evoca a los digitales de Casio de hace décadas.

En cuanto a la puesta al día, Casio ha introducido en el W-217H las siguientes mejoras: pantalla de mayores dimensiones, iluminación más potente y una resistencia al agua de 5 BAR.

Veamos en qué se materializan dichas mejoras.

La pantalla del W-217H es un 32% más grande que la del F-91W y supone una mejora en la legibilidad significativa y muy de agradecer.

Es también muy de agradecer la iluminación que equipa el W-217H, una potente luz de color ámbar que alcanza prácticamente a toda la superficie del display de cristal líquido. La iluminación del F91-W es mediocre y es el aspecto más criticable de este modelo.

Por último, la resistencia al agua de 5 BAR (norma ISO 2281) es otra importante mejora; recordemos que el Casio F-91W no pasa del nivel water resistant. Así, podemos utilizar el Casio W-217H para hacer deporte – siempre que no sea buceo, tampoco en modalidad snorkel – sin temor a que el sudor, el agua de la piscina o la ducha del gimnasio supongan una avería.

Pesadilla antes de navidad.

Año 2020. Tras aprobar unas oposiciones a funcionario de la Administración General del Estado (AGE) y, por supuesto, celebrarlo, quedé a la espera de que se me asignase un puesto de trabajo.

Ingenuamente estimé que en 1 ó 2 meses, 3 como mucho, sabría dónde trabajaría y me tomé la espera como unas merecidas vacaciones.

Dice un adagio que “El hombre propone y Dios dispone“. La pandemia COVID-19 también afectó a los procesos selectivos de la AGE y, así, mis compañeros y yo tuvimos que esperar mucho más que esos tres meses. Tanto, que la espera se prolongó el doble: casi seis meses. Supimos qué puesto de trabajo se nos asignaba a cada uno de nosostros pocos días antes de la fiesta de Navidad.

Y fue en plenas fiestas de Navidad cuando empezó la pesadilla.

Una vez que al funcionario se le asigna su puesto de trabajo tiene un plazo para incorporarse, habitualmente 30 días naturales. De no incorporarse dentro de dicho plazo, el funcionario pierde – salvo causa de fuerza mayor debidamente justificada – dicha condición y, por ende, el empleo. Por otra parte, la incorporación implica para la mayor parte de los funcionarios un cambio de residencia, en una ubicación alejada de su domicilio habitual.

Buscar vivienda es un proceso que lleva tiempo, además de frustrante. Por añadidura, hacerlo en medio de las fiestas de Navidad tiene el efecto de que esos 30 días cunden en realidad menos. Hay unos cuantos días festivos, muchos trabajadores juntan días de asuntos propios aún sin gastar con los anteriores para así disfrutar de unas vacaciones, no pocos dueños de viviendas en alquiler están ausentes …

Por si lo anterior fuese poco, las severas restricciones a la movilidad impuestas por la pandemia suponían otra dificultad más. Algunos tomamos el riesgo de alquilar vivienda sin verla nada más que en las fotografías mostradas en las páginas web de inmobialiarias; otros buscaron vivienda del modo tradicional, desplazándose a la localidad de destino y exponiéndose a fuertes multas.

Tras muchos nervios y mucho buscar finalmente encontré vivienda, firmé contrato de forma electrónica y me dispuse a hacer la mudanza.

Disponía aún de dos semanas para incorporarme a mi puesto de trabajo.

De Filomena a Casio.

Creía que esas dos semanas eran un margen de seguridad frente a imprevistos más que suficiente, cuando sin invitación se presentó una visita de última hora. Se llamaba Filomena, era una profunda borrasca que traía fuertes heladas y nevadas y, sobre todo, puso a prueba dicho margen.

Borrasca Filomena, vista satélite
Borrasca Filomena, vista satélite
Fuente: Wikipedia

Filomena retrasó casi una semana la fecha de la mudanza. Las nevadas podían haber dejado bonitas estampas en Madrid, mi nueva ciudad destino, pero al mismo tiempo las calles estaban intransitables y muchos trabajadores no pudieron acudir a sus puestos.

Filomena afectó a la mayor parte de España, lo que hacía que viajar fuese poco recomendable; y si consiguiese llegar a Madrid, estaba a por ver que pudiese incorporarme a mi puesto de trabajo.

Decidí esperar unos días a que lo peor de la borrasca pasase.

Y, efectivamente, pasados unos días las noticias informaron que las carreteras empezaban a estar un poco mejor y que poco a poco los trabajadores volvían a sus puestos de trabajo. Así, con mi coche cargado hasta arriba de maletas, bolsas y cajas y me dispuse hacer el viaje.

Ahora bien, el que lo peor de la borrasca hubiese pasado no implicaba un viaje libre de riesgos, dado que debía recorrer cientos de kilómetros y atravesar varios puertos de montaña donde aún había mucha nieve y hielo.

Una de las decisiones que tuve que tomar era qué reloj ponerme. Un asunto menor habitualmente: de entrada, desde hace mucho tiempo los coches disponen de un reloj en el salpicadero. En estas circunstancias, con la que, literalmente, estaba cayendo podría ocurrir que me quedase atrapado en un tramo de calzada, que debido a una placa de hielo me saliese de la carretera o, simplemente, que mi coche sufriese una avería; en cualquiera de esos casos nunca está de más llevar en la muñeca un reloj fiable.

Así, comencé descartando los relojes mecánicos y automáticos de mi colección.

Mi primera elección fue uno de mis Casio MRW-200H, la variante 7EV: es ligero, cómodo, muy legible y con una resistencia al agua de 10 BAR, más que suficiente. No obstante dado que enero anochece pronto, su mediocre lumen – característica que comparte con casi todos los relojes Casio analógicos – era un serio inconveniente.

Casio MRW-200H

La anterior consideración hizo que restringiese los candidatos a los relojes digitales. De entre los digitales de mi colección sin ninguna duda el candidato más indicado era mi Casio DW-5600E, uno de los relojes que la NASA recomienda utilizar a sus astronautas (crew preferred). No obstante, mi DW-5600E no estaba listo: tenía pendiente – y aún tengo – llevarlo a mi relojero para lo limpiase a fondo, mantenimiento que necesitaba dado que los botones estaban atascados.

Casio DW-5600E
Fuente: Smithsonian National Air and Space Museum

El siguiente candidato era mi Casio W-800H: ligero, cómodo, resistencia al agua de 10 BAR, buena iluminación, magnífica legibilidad, una única alarma y un cronógrafo capaz de mostrar al mismo tiempo la hora. No fue el elegido por un motivo: es mi reloj de reserva permanente. Esto significa que siempre lo llevo en mi mochila, guardado en una caja, con el fin de substituir al reloj que llevo en la muñeca en caso de que falle. En este viaje seguiría siendo el reloj de reserva y, dadas las circunstancias, con más motivos que nunca.

Casio W-800H

Finalmente, la elección quedó acotada a dos modelos de Casio: mi W-218H y mi W-217H. Ambos cuentan con un módulo básico – hora, fecha, una única alarma, cronógrafo de una hora y una correcta iluminación – y una resistencia al agua de 5 BAR. Me decanté por el último dado que mi muñeca tirando a pequeña lo encuentra algo más cómodo que el primero.

Casio W-218H

Y la montaña parió un ratón. Tomé unas elementales precauciones y el viaje transcurrió sin ningún incidente; eso sí, me llevó unas tres horas más de lo previsto, dado que conduje muy despacio.

Y así, finalmente me incorporé a mi puesto de trabajo dentro de plazo.

¿Fin de la historia?

No, dado que ese Casio W-217H fue el reloj que utilicé durante las siguientes tres semanas.

Casio W-217H

De eso hablaré en la segunda parte de esta historia.

“All Hail The New Budget King Casio! – Casio W217H”, Just One More Watch

Un comentario sobre “Tres semanas con mi Casio W-217H, primera parte.

  1. Menuda película, una buena elección sin duda, es un magnífico reloj y sin complicaciones innecesarias.

    Mis felicitaciones por tu nuevo puesto de trabajo, por cierto

    Me gusta

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